¿Por qué algunos políticos prefieren serle funcional a un medio hegemónico que conforma un grupo monopólico, cuyo origen de dicho grupo se asocia a delitos de lesa humanidad? O sea, porque la impresentable de Carrió, el cabeza de globo de Duhalde, el colorado De Narváez o el “mama el pan me tomo la leche” de Macri, defienden tanto a dueños multimillonarios de una empresa que se dedica a mentir todos los días? En la actualidad estamos viviendo la construcción de una nueva sociedad. Se empieza a res-quebrajar un antiguo modelo de Estado, basado en el mercado, el liberalismo económico, hacia un Estado que atiende a las necesidades de las mayorías, a través del gasto público, a través del intervencionismo estatal, pero que también integra a las minorías (como en el caso, de los gays o los pueblos originarios). Y éste último modelo de Estado a sido llevado a cabo por un gobierno que se puso al hombro algunas políticas que tendieron dese-quilibrar al antiguo modelo. Ese viejo modelo que favoreció el crecimiento de los monopolios como los del grupo Clarín, que privatizó los servicios estatales, y que mantuvo una estrecha relación con los grupos militares que produjeron el más cruel pasado en la sociedad argentina. A este modelo neoliberal se le opone a ahora otro modelo más intervencionista. La asignación universal por hijo, las retenciones al sector agroexpor-tador, la desmonopolización de las grandes empresas que eliminan la competencia, la estatización de las jubilaciones, la cancelación de la deuda con el FMI, el plan “Argentina conectada”, en la actualidad se empieza a hablar de la posibilidad de repartir las ganancias de las empresas entre sus trabajadores, la vuelta de los juicios de la última dictadura militar y la recuperación de la memoria de un pueblo, son algunas de las políticas que si bien son producto de un gobierno, son más bien políticas de Estado. La "oposición" del gobierno juega el papel de oponerse solo por oponerse. Su fin último es tratar de bajar un gobierno que ha sido elegido democráticamente. Y en este papel se ponen al servicio de las
empresas más po-derosas del país. Defienden los intereses de Magneto, dueño de Clarín, y se transforman en soldados del mismo. Señores feudales que tienen a la justicia detrás por adoptar bebés robados por los milicos, encuentran representantes políticos en gente como Macri, De Narváez, Duhalde, Carrió. Fieles soldados que "una empresa" tiene a su disposición. Prefieren que seamos gobernados por intereses económicos de algunos pocos, a ser gobernados por un gobierno que fue elegido por la mayoría. Hablan de que se quiere coartar la libertad de expresión cuando nunca se tuvo la más libre oportunidad de decir lo que cada uno
piensa como ahora. Es que los periodistas estaban acostumbrados a mandar fruta, decir lo que quieren, total era la única verdad (incuestionable), pero hoy surge alguien que dice: “tal vez no sea tan verdadero lo que decís, tal vez decís eso porque te conviene, tal vez no seas tan neutral y respondas a los intereses de tus dueños”. Es ahí donde se empieza a confundir con otro tipo de libertad. El problema es que lo que se quiere, es que no se digan ciertas cosas, porque para ellos la libertad de expresión es libertad económica, por ende, libertad de hacer lo que se les antoja. La libertad de ellos es dejarlos crecer para transformarse en poderosos monopolios y controlar así, la radio, la TV, los diarios, Internet, las jubilaciones, etc.
En definitiva, éstos son los dos modelos de Estado, uno que pide libertad económica y controlar todo a su alcance, el otro que rompe la acumulación, la concentración de las empresas en una sola mano para ser repartida en varias, que busca lograr la inserción de los excluidos. Tal vez este no sea el mejor gobierno para tal fin, pero si constituye una base sólida para seguir construyendo hacia adelante un modelo de sociedad más inclusivo.