martes, 22 de marzo de 2011

Dos modelos. Primer nota de "Los indiecitos de Máximo Paz"

¿Por qué algunos políticos prefieren serle funcional  a un medio hegemónico que  conforma un grupo monopólico, cuyo origen de dicho grupo se asocia a delitos de lesa humanidad? O sea, porque la impresentable de Carrió, el cabeza de globo de Duhalde, el colorado De Narváez o el “mama el pan me tomo la leche” de Macri, defienden tanto a dueños  multimillonarios de una empresa que se dedica a mentir  todos los días? En la actualidad estamos viviendo la construcción de una nueva sociedad. Se  empieza a  res-quebrajar un antiguo modelo de  Estado, basado en el  mercado, el liberalismo económico, hacia un Estado que atiende a              las  necesidades de las mayorías, a través del gasto público, a través del  intervencionismo estatal, pero que también integra a las minorías (como en el caso,  de los gays o los pueblos originarios).  Y éste último modelo de Estado a sido llevado a cabo por un gobierno que se puso al hombro algunas políticas que tendieron dese-quilibrar al antiguo modelo. Ese viejo  modelo que favoreció el crecimiento de los monopolios como los del grupo Clarín, que privatizó los servicios estatales, y que mantuvo una estrecha relación con los grupos militares que produjeron el  más cruel pasado en la sociedad argentina. A este modelo neoliberal se le opone a ahora otro modelo más intervencionista. La asignación universal por hijo, las retenciones al sector agroexpor-tador, la desmonopolización de las grandes empresas que eliminan la competencia, la estatización de las jubilaciones, la cancelación de la deuda con el FMI, el plan “Argentina conectada”, en la actualidad se empieza a hablar de la posibilidad de repartir las ganancias de las empresas entre sus trabajadores, la vuelta de los juicios de la última dictadura militar y la recuperación de la memoria de un pueblo, son algunas de las políticas que si bien son producto de un gobierno, son más bien políticas de Estado. La "oposición" del gobierno juega el papel de oponerse  solo por oponerse. Su  fin último  es tratar de bajar un gobierno que ha sido elegido democráticamente. Y en este papel se ponen al servicio  de las
empresas más po-derosas del país. Defienden los intereses de Magneto, dueño de Clarín, y se transforman en soldados del mismo. Señores feudales que tienen a la justicia detrás por adoptar bebés robados por los milicos, encuentran representantes políticos en gente como Macri, De Narváez, Duhalde, Carrió. Fieles soldados que "una empresa"  tiene a su disposición. Prefieren que seamos gobernados por intereses económicos de algunos pocos, a ser gobernados por un gobierno que fue elegido por la mayoría. Hablan de que se quiere coartar la libertad de expresión cuando nunca se tuvo la más libre oportunidad de decir lo que cada uno
piensa como ahora. Es que los periodistas estaban acostumbrados a mandar fruta, decir lo que quieren, total era la única verdad (incuestionable), pero hoy surge alguien que dice: “tal vez no sea tan verdadero lo que decís, tal vez decís eso porque te conviene, tal vez no seas tan neutral y respondas a los intereses de tus dueños”. Es ahí donde se empieza a confundir con otro tipo de libertad. El problema es que lo que se quiere, es que no se digan ciertas cosas, porque para ellos la libertad de expresión es libertad económica, por ende, libertad de hacer lo que se les antoja. La libertad de ellos es dejarlos crecer para transformarse en poderosos monopolios y controlar así, la radio, la TV, los diarios, Internet, las jubilaciones, etc.
En definitiva,  éstos son los dos modelos de Estado, uno que pide libertad económica y controlar todo a su alcance, el otro que rompe la acumulación, la concentración de las empresas en una sola mano para ser repartida en varias, que busca lograr la inserción de los excluidos. Tal vez este no sea el mejor gobierno para tal fin, pero si constituye una base sólida para seguir construyendo hacia adelante un modelo de sociedad más inclusivo.

El consumismo. Nota hecha para "Los indiecitos de Máximo Paz"

¿Qué zapatillas tenés? ¿Qué celular usas?  ¿Cómo no tenés celular? Las empresas, las marcas, han logrado un poderío importante sobre nosotros. En esta sociedad capitalista, donde importa más el ¿Cuanto tenés? Que el ¿Quién sos?, todo nos lleva a gastar. En este sentido se opera sobre las mentalidades de las personas, haciéndonos creer que si no tenemos las Nike de 400 mangos o el celular que saca foto abajo del agua, no existimos! Para entrar al mundo tenés que tener celular, sino quedas afuera. Nadie quiere quedar afuera, aislado, solitario. Es así como trabaja en nuestras mentes  el mercado capitalista. Pues, “si no tengo celular, quedare afuera, y si quedo afuera no soy nadie”.  Lo interesante es que ya no somos vistos como personas, sino más bien como consumidores. El consumidor gasta su plata, y el mercado tiene que estar allí para satisfacer esa necesidad. Antiguamente la gente compraba las cosas de acuerdo a su necesidad, el sujeto necesitaba algo y lo compraba. Hoy el mercado crea la necesidad. Inventa una necesidad que hasta ese entonces no era tan necesario. Nos dice compra el último celular que tiene música mp3, fotos, filmadora y un raya quesos! Y a través de la masiva publicidad nos terminan convenciendo que un celular con raya quesos es muy necesario para nuestras vidas. Pero además el mercado impone un modelo. El ser eternamente joven y bello. Las cremas, los talles de ropa, y la misma tv imponen que para existir hay que ser joven y esbelto. Los viejos no sirven, son desechados en la basura, a menos que compren la nueva crema rejuvenecedora, y así ser parte nuevamente de la tan ansiada juventud. Por otro lado, poco importa si las zapatillas que tenemos de 400 mangos las hicieron obreros
es clavizados, viviendo en condiciones indignas. Porque todas, o  casi todas las marcas trabajan con esclavos. El sueldo que le dan solo les alcanza para su subsistencia. Apenas un vaso de agua, un pedazo de pan para seguir trabajando 15, 16, 17 horas por día. Pero, ¿Que mierda nos importa a nosotros no? Lo importante es salir y lookearnos con nuestras nuevas zapas.
La inclusión a esta sociedad consumidora, solo se logra comprando, solo se logra teniendo. El “tener” es un valor creado por el sistema capitalista.  Es decir por las empresas, por las marcas que día a día se adineran mas y mas por nosotros, los boludos consumidores que compramos todo lo que nos ponen adelante. Tan importante es este “tener”, que se puede llegar matar. Porque, ¿Qué pasa cuando no hay dinero para comprar una leche y el mercado me obliga a consumir sus productos? Aunque Uds. no lo crean, el peso que tiene el mercado sobre nuestras cabezas es muy fuerte, tanto que puede llegar al borde de la locura. Porque si queres estar incluido tenés que tener, no hay más vueltas. Si no tenés, no sos nadie, no sos nada. Pero, que tal si le hacemos un revés a este modelo, y en vez de consumir y consumir como pavos decimos, hasta acá!!! Esto no quiere decir saquémonos las ropas y andemos en tarlipes o en tapa rabos, sino implica ser consciente de hasta qué punto, podemos llegar a ser nosotros mismos esclavos de esas empresas. Esclavos que estamos condenados a comprarles de por vida. Ser conscientes, implica responsabilidad y compromiso y solidaridad con esos obreros esclavos. Pero además ser consientes de nosotros mismos como personas, y esto es que; a la hora de mirar a la otra persona y en vez de pensar quien es en base a lo que tiene, podamos clasificarla en base a lo que es, por lo que es en sí. 

Jose Juarez